Glucagón: la cajita naranja

glucagon la cajita naranja 2Todos estamos aburridos de ver en los aviones esas demostraciones en las que las azafatas nos enseñan una y otra vez un protocolo de emergencia un tanto absurdo en el caso de que el avión se vaya a estrellar en el mar. ¿Qué más me da si cae al mar o a una fábrica de colchones si la voy a palmar igual? Pero bueno, son las normas. Y en esas normas nos enseñan cosas que casi seguro (toquemos madera, ¡rápido!) nunca usaremos, como chalecos salvavidas o mascarillas de respiración asistida. Pero la prudencia y las normas de prevención recomiendan -si sucediera esa situación- que todos conozcan bien qué se debe hacer y cómo se debe hacer.

La diabetes tiene también sus situaciones de emergencia. Y podemos resumirlas básicamente en una palabra que todos conocemos y que ya tendréis en la punta de la lengua: hipoglucemia. Pero sobre todo aquellas que implican pérdida de conocimiento porque el cerebro ha tenido que hacer una especie de “reset” para protegerse al no recibir la suficiente cantidad de glucosa. Tras unos síntomas adrenérgicos de aviso, llegan los de “fase dos” que se denominan neuroglucopénicos, en los que el cerebro ya demuestra que no está recibiendo la glucosa necesaria para un funcionamiento normal. Y tras ellos, finalmente sobreviene esa “desconexión de seguridad” que hace nuestro cerebro ante la ausencia de glucosa. Es entonces cuando agradeceremos que quien esté a nuestro alrededor sepa lo que es el glucagón y cómo administrarlo.

El glucagón es una hormona segregada por el páncreas que forma parte de las hormonas implicadas en el metabolismo de la glucosa y entre otras funciones, activa la liberación de la reservas de glucógeno almacenadas en el hígado, provocando así una subida del nivel de glucosa en sangre. Es también una de las llamadas hormonas del estrés. Si se libera una cantidad importante, provoca un aumento brusco de la glucosa, lo cual permite recuperar a una persona de una pérdida de consciencia inducida por una hipoglucemia.

Esa cajita naranja que todos (y cuando digo TODOS, QUIERO DECIR TODOS) debemos tener en nuestra nevera es en definitiva, un seguro de vida, que permitirá que una situación potencialmente peligrosa se resuelva en cuestión de minutos sin más consecuencias que los efectos del susto en el cuerpo. Se trata del único medicamento que no podemos ponernos nosotros, por lo que debemos tener informadas a las personas de nuestro entorno de lo que es el glucagón, para qué sirve y cómo proceder con él ante una situación de hipoglucemia con pérdida de conocimiento.

Glucagón, un producto de “comprar y tirar”

A pesar de ser el único medicamento que compramos para tirarlo a la basura sin usar (y ojalá siga siendo así siempre), estamos obligados a tenerlo en casa o en determinadas situaciones de riesgo fuera de ella. Por eso, no olvides pedir tu receta de glucagón al médico cuando te hayas quedado sin él porque haya sido usado o porque se haya caducado (que es lo habitual). Como este tema genera mucho miedo a las personas novatas en diabetes, las tranquilizaré diciendo que gran parte de las hipoglucemias graves suelen responder al factor humano como causa de la misma, por lo que una vez más, es importante recordar hacer las cosas bien, tener siempre en cuenta nuestra agenda y prever todo lo que podamos a la hora de calcular dosis de insulina. Y tranquilizaré aún más a esas personas con miedo diciéndo que yo no he necesitado usar glucagón en mis 28 años con diabetes. No voy a entrar en detalles de cómo ponerlo; lo que quiero es destacar la importancia de tenerlo siempre cerca. Algunas personas critican cuando la administración gasta dinero en miles de vacunas ante epidemias de brotes infecciosos, porque luego esas vacunas no es necesario ponerlas. Así es la prevención. Nosotros compramos glucagón y no lo usamos nunca. Pero eso es lo recomendable. Basta una sola vez en la que lo necesites y no lo tengas para que se disparen las alarmas.

glucagon la cajita naranja 1

Mientras continúan los ensayos con el glucagón inhalado (eso estaría muy bien, porque a mucha gente le impresiona pinchar a otro y es un problema para nosotros), podemos terminar diciendo una situación en la que el glucagón NO será efectivo. Si la persona ha estado ingiriendo alcohol las horas previas a la hipoglucemia, el glucagón no funcionará, ya que el alcohol bloquea el funcionamiento normal del hígado y le impide liberar el glucógeno ante la petición del glucagón. En esas situaciones especialmente complicadas, el 112 actuará con más eficacia que alguien de la calle, que sólo podría recurrir a la opción de administrar (de manera muy precaria) algo de glucosa (miel o azúcar, nunca líquido) a través de las mucosas de la boca. Se me ocurre otra zona en la que aplicarlos, pero corramos un tupido velo…

3 puntos claves

  1. Ten siempre glucagón en casa. Si no tienes opción a conseguirlo con receta, cómpralo. No hay lugar a discusión. Debes tenerlo sí o sí.
  2. Informa a tu entorno de qué es el glucagón y cómo se administra; en casa, en el trabajo, ante una situación de riesgo como una excursión al monte o una prueba deportiva…
  3. Comprueba que tu glucagón almacenado está dentro de las fechas y renuévalo cuando caduque. Que no tengas que utilizarlo y en ese momento darte cuenta de que está caducado.

Para terminar, una utilidad

La multinacional de las insulinas Lilly dispone de una web en la que habla del glucagón. Es interesante. Aunque está en inglés, tu maravilloso traductor Google te hará el favor de traducirla a román paladino si no dominas la lengua del Shakespeare. La web es http://www.lillyglucagon.com/

Recuerda: ten siempre a mano la cajita naranja. Probablemente no la vas a utilizar, pero la prevención cuesta muy poco y te puede salvar de una situación muy delicada.

Todos estamos aburridos de ver en los aviones esas demostraciones en las que las azafatas nos enseñan una y otra vez un protocolo de emergencia un tanto absurdo...
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