“El Cajoncito”: nuestro kit de la diabetes

Aún recuerdo aquella cajita de hojalata de Cola Cao en la que de pequeño guardaba algunos tesorillos de lo más variopintos: el cromo más difícil de la Liga 76-77… un llavero… dos pegatinas de alguna marca “molona” por entonces… mi coche de Guisval favorito… Y esa cajita era siempre convenientemente protegida en lo más hondo de tu armario, lejos de las zarpas de tus hermanos o de los zafarranchos de limpieza periódicos de tu madre. Con los años, uno va haciéndose racional, y normalmente -no siempre- te sueles desprender de ese tipo de fetiches, pasando a guardar las cosas de un modo más “estándar”. Pero dentro del ordenamiento habitual en un domicilio hay siempre algo característico cuando en esa vivienda habita una persona con diabetes; yo lo llamo “El Cajoncito”. Otros puede que lo llamen el “kit de la diabetes“. Incluso puede que algunos no sepáis de qué hablo o no adoptéis esta práctica organizativa. Pero muy probablemente esto que hoy os cuento os resulte habitual.

Normalmente situado junto a nosotros, en la zona más íntima y personal de la vivienda, El Cajoncito suele estar en la omnipresente mesita de noche. Ahí ya comienza una limitación más de la diabetes. Si cualquier persona “normal” tiene los 2 ó 3 cajones de su mesilla libres para cualquier uso, las personas con diabetes disponemos de un hueco menos, porque uno de ellos es El Cajoncito. Las marcas de muebles deberian comercializar mesitas de noche para personas con diabetes que incluyan un cajón más. Ese cajón adicional sería “El Cajoncito”, que ya habrás imaginado de qué se trata. Es ese lugar que si lo abres, tiene todo tipo de “útiles diabéticos” para nuestro día a día con Ella. Es el kit de la diabetes. En El Cajoncito guardamos muchas cosas; quizá demasiadas. Yo hoy voy a analizar el mio y os lo enseño, desmenuzándolo objeto por objeto.

El kit de la diabetes del Jedi Azucarado

Mi Cajoncito es en resumen, una zona ordenada y cuadriculada. Echo de menos unos separadores al estilo de esas cajas de herramientas, para poder separarlo todo y que no se mezcle. En lo que respecta a mi Cajoncito, soy extremadamente ordenado. Me gusta tenerlo todo a mano. Aquí lo tenéis, desmenuzado y analizado:

El Cajoncito de la Diabetes. el kit de la diabetes

  1. El medidor. Uno de los imprescindibles en cualquier cajoncito, aunque rara vez está dentro de él. Recientemente, mi Cajoncito ha sufrido un cambio importante. Ha dejado paso al FreeStyle Libre, que sigo probando y probando. Hasta hace poco, era un Accu-Chek Aviva Expert con calculador de bolo. Pero de momento ha sido sustituido por la llamativa cajita amarilla del aparato de Abbott, que actualmente también tiñe de amarillo mi cajón.
  2. Si tienes un Libre, debes tener sensores de repuesto. Y ahí tengo yo uno. La verdad es que siempre he deseado que mi Cajoncito tuviera algo así; un repuesto de un aparato de medición intersticial. Nunca pensé que llegaría ese día…
  3. Las consabidas instrucciones de tu medidor en uso. En mi caso, del Libre. Nunca se sabe si puedes necesitarlas en algún momento. Y leerlas es algo muy conveniente, por cierto. Siempre se aprenden cosas: no somos tan listos como para no necesitar leernos las instrucciones de un medidor.
  4. El cable y el cargador para el medidor. Siempre a mano, sobre todo para los aparatos que incluyen una batería recargable.
  5. Tiras, tiras y tiras. En el Cajoncito guardamos por supuesto, nuestro repuesto más preciado: las tiras reactivas. Eso que cada vez con más racanería, nos proporciona el SNS periódicamente para gestionar nuestra diabetes. Perfectamente ordenaditas, en mi Cajoncito ocupan uno de los lados con delicado orden. De momento, a pesar de usar ahora mismo el Libre, las sigo necesitando, tanto para asegurarme de mis glucemias más comprometidas (las pre-prandiales) como para activar el calculador de bolo del Libre, que recuerdo que sólo funciona si te mides con tiras.
  6. Esta es una de mis últimas incorporaciones al Cajoncito: las toallitas Skin-Tac; una auténtica guarrada que tras usarla, te deja los dedos pegados durante una hora a pesar de que te los laves, y que sirve para afianzar los apósitos de quienes usamos un medidor continuo o una bomba de insulina. Cumplen medianamente bien, aunque yo personalmente esperaba más de ellas con el Libre. Puedes encontrarlas en Novalab.
  7. Otra incorporación que ha entrado a la vez que Skin-Tac debido a las continuas pruebas que estoy haciendo con el Libre: el adhesivo transparente Fixomull. Similar al Tegaderm 3M, Fixomull tiene la ventaja de poder cortarse a la longitud que quieras, aunque por otro lado, es más complicado de aplicar. Fixomull puedes encontrarlo en farmacias, pero Tegaderm es difícil de conseguir.
  8. Un objeto imprescindible en el Cajoncito de una persona con diabetes: los geles o tabletas de glucosa. Siempre he usado las tabletas Gluco-Sport, pero desde hace tiempo me he pasado a los cómodos y agradables geles, tanto Diabalance como Gluc-Up15. (chicos de Gluc-Up15, siento que se me hayan acabado vuestros justo el día de la foto, pero los uso, y mucho).
  9. Siempre he tenido problemas para respirar por las noches, y aunque no es un objeto diabético, las tiras para la nariz están en el Cajoncito por proximidad a la hora de dormir. Unos intrusos que ya han sido aceptados por el resto de miembros del cajón.
  10. Aunque tengo la manía personal de coleccionar medidores (que guardo en un gran cajón de un armario y dan para otro post), en el Cajoncito debe haber un medidor alternativo, preparado con todos sus elementos (tiras incluidas) y listo para funcionar si lo requiere la situación por una emergencia con tu medidor habitual: que se te cae por un balcón… te lo traga el inodoro… lo muerde el perro de un amigo… se lo dejas a un sobrino… Siempre hay imponderables para los que debes estar preparado. Nunca sabes lo imprescindible que es un medidor de glucemia hasta que te quedas sin él, os lo aseguro. Tened siempre uno de repuesto listo para el uso. En este caso, es uno que a mi particularmente me gusta mucho: el Contour Next USB de Bayer: cómodo, pequeño, rápido, con buena absorción de muestra…
  11. Sí. Soy un poco friki. Sé que no es habitual guardar un monofilamento para chequear neuropatía periférica, pero yo soy “asín”. Pero si lo tienes, recuerda que no vale que te lo hagas tú mismo. En esto, tiene que ser otra persona. ¡Y sin mirar!
  12. Las famosas agujas. Caballo de batalla para el colectivo de personas con diabetes, año tras año seguimos peleando por intentar conseguir unas agujas de calidad (que en una metonimia, decir agujas equivale a decir BD). Lo demás es caca, sinceramente: productos infames como Braun o Insupen deberían ser obligatoriamente probadas por parte de los responsables de compra de muchos hospitales, a los que en pleno delirio de racanería, les da por comprar estas agujas para ahorrarse el chocolate del loro. Y en algunos sitios te piden incluso que las reutilices. Puf…
  13. Desde que lo descubrí, me pareció uno de esos inventos simples, pero efectivos. Se trata de Timesulin, un capuchón para las plumas de insulina que te recuerda cuánto tiempo ha pasado desde que abriste la pluma. Un buen sistema para recordar si nos hemos pinchado o no. Yo desde que lo tengo, no he vuelto a tener dudas. Recomendable (cómpralo en Timesulin).
  14. Agujas de repuesto para el pinchador. Reconozco que las cambio cada vez que pasan Las Perseidas. Pero son culpables en gran parte de que nuestros dedos estén como un colador. Cámbialas con frecuencia.
  15. Como paciente formal que soy, cada tres meses voy a mi consulta a que me hagan una glicosilada. Ese es el papelito de la última, que las realizo en la DCA en cinco minutos (maravilloso ese aparato). Para que no te rompas los ojos intentando leer, ya te lo digo yo: 6,1%. ¿Orgulloso? un poco sí. Pero ese valor no es un totem. Me gustaría más estabilidad y menor desviación estándar a cambio de una peor hemoglobina. No todo se reduce a esa cifra sobrevalorada (Jesús, va por ti).
  16. Tanto antes con el Expert como ahora con el Libre tengo calculador de bolo. Y si lo tienes, debes conocer tus ratios de HC-insulina. Ahí tengo la hojita donde tengo anotados mis ratios, mi índice de sensibilidad, etc. Pero recuerda, esos valores son volubles como una veleta. Tendrás que reajustarlos. Y a no ser que seas experto, deberías hacerlo con tu educadora o endocrino.
  17. Si eres formal como yo y usas las agujas como deben de usarse (una vez), gastarás muchas agujas. Por eso, suelo tener dos cajas, ya que mi visita a por material es una vez al mes, y en ese período gasto unas 130 agujas. Por supuesto, BD.
  18. La llamada “Hoja de Tratamiento”. En el Servicio Vasco de Salud Osakidetza, esta hoja es la que registra todos los tratamientos que tengo prescritos, sus dosis y sus frecuencias. Y son esos datos los que el sistema almacena para que yo pueda ir a la farmacia, y sin necesidad de receta, cogerlos cuando necesite. Aquí se le llama e-rezeta (receta electrónica). Un buen sistema y de momento, parece que eficaz.

Y este es mi kit de la diabetes. Mi “Cajoncito” secreto que hoy he querido mostraros. Y vosotros, ¿qué objetos guardáis en vuestro cajoncito? ¿O quizá ni siquiera tenéis uno?

Aún recuerdo aquella cajita de hojalata de Cola Cao en la que de pequeño guardaba algunos tesorillos de lo más variopintos: el cromo más...
" />