Diabetes y paciencia

Históricamente la virtud de la paciencia se ha representado popularmente en la figura de Job, un santo bíblico especialmente dotado de esta conveniente facultad. Por lo visto, el tal Job -según reza en la Biblia- fue sometido a una serie de faenas por parte de un ángel de Dios saliendo airoso de todas ellas, demostrando así su fidelidad al Creador. Fidelidad… y aguante, lo cual le ha merecido convertirse desde entonces en paradigma de la paciencia y pasando a formar parte de los dichos populares: “tienes más paciencia que el Santo Job”. La paciencia es sin duda, una gran virtud que todos quisiéramos para nosotros. Yo personalmente reconozco que en el reparto de este don a mi me debió de pillar en el servicio. O distraído, como es habitual en mi. El caso es que se trata de una gran cualidad necesaria para lidiar con todas las adversidades que se nos plantean en esta vida. Y las adversidades pueden ser de todo tipo. En diabetes también.

Santo Job, ejemplo de la paciencia
Dios sometió a Job a toda clase de pruebas para medir su fidelidad. La diabetes también nos somete a nosotros a pruebas cada día para medir nuestra paciencia (imagen: Wikipedia).

La paciencia en los expedientes X

Quizá no sea necesario tener tanta paciencia como Job, pero sí al menos intentar imitarle en la medida de lo posible. Sin duda, con el debut de diabetes debería venir asociado un aumento significativo del nivel de paciencia. Porque es altamente necesaria. Desde que la tengo hace ya 31 años (la diabetes, no la paciencia; esa nunca la he tenido) tengo claro que la famosa paciencia de Job está sobrevalorada. Me gustaría verle a él con diabetes. Estoy convencido de que perdería su fama en menos de un año. Porque esta enfermedad pone a prueba una de las mayores virtudes humanas, escasa generalmente y aún más en estos tiempos que corren, acelerados e intransigentes. Y es que no hay paciencia que valga cuando tras aplicar toda tu preparación y tus conocimientos, descubres que no te sirven para nada ante muchos de los ardides que te plantea la diabetes a cada momento. O más que ardides, quizá mejor llamarlos Expedientes X, en un claro eufemismo para evitar llamarlos por su auténtico nombre, bastante malsonante.

Todos los días desayunas lo mismo, tu rutina matutina es igual, te sientas en tu trabajo y haces exactamente lo mismo. Pues un buen día, tus cifras son horribles. Por alguna desesperante razón, la post de ese desayuno (igual al de los días anteriores) es espantosa. Otro día tienes una reunión importante y precisamente ahí no te importaría estar un poco más alto para pasar la reunión tranquilo y sin preocupaciones adicionales. Pues no. Ese día estarás bajo durante toda la mañana y además tendrás que salir en mitad de la reunión para ir a la máquina de refrescos a por una coca cola. Idem de idem por ejemplo, un día de cine. O simplemente, aquel día que quieres que sea perfecto y nada te lo enturbie. Pero ahí está Ella para recordarte que existe. Y pone a prueba tu paciencia una vez más. Un día más. Y luego otro. Y otro… y tus conocimientos de nada sirven para evitar todas estas situaciones en las que sólo puedes tirar de una facultad: paciencia.

Con los años sólo mejoran los vinos

A pesar de que tenía muchas esperanzas en ello, con el paso de los años ni mi paciencia ni mi templanza han aumentado lo más mínimo. Olvídalo. Con los años sólo mejoran los grandes vinos. Incluso debo reconocer -aunque sé que esto no es ejemplarizante- que mi paciencia se ve quebrada como el primer día cada vez que Ella me torpedea algo. O sea, que me es muy difícil mantener templanza ante las continuas burlas de mi diabetes. Y es que una de las situaciones más frecuentes y que más alteran mi control mental jedi es la de la ausencia de patrones ya comentado líneas más arriba. Que diez días hagas lo mismo y que los diez sean diferentes es algo que a buen seguro sacaría de quicio al mismísimo Job si resucitara mañana. Cuando un buen día tras tus perfectos cálculos de HC (que ya tienes bajo control y aprendidos de sobra) ves que la glucemia post-prandial es espantosa, sólo puedes hacer una cosa: respirar profundamente, contar hasta diez (recomiendo mejor cien o incluso mil) e intentar arreglar el desaguisado a base de aplicar los conocimientos adquiridos. Y en esos momentos tu carácter se avinagra y notas que la sangre comienza a hervir, de un modo similar a cuando el Dr. Bruce Banner comienza a convertirse en Hulk. Y te cabreas porque sencillamente, tú has hecho todo lo que debes hacer. No has fallado en nada, pero las cosas no salen bien. Es más, salen fatal. Y esta es probablemente una de las cosas más frustrantes (si no la que más) de esta enfermedad. Porque nosotros sólo controlamos …CORRIJO: monitorizamos… una de las muchas variables que influyen en este fregao; la glucosa. Pero no sabemos cómo anda nuestro cuerpo de glucógeno, cortisol, adrenalina… No sabemos cómo está siendo la acción de esa insulina previamente administrada y su farmacocinética… no sabemos si el estómago está con una digestión más lenta de lo habitual… tampoco si las grasas están ralentizando en exceso la absorción de los nutrientes por el cuerpo… En fin, multitud de datos desconocidos que influyen a cada momento en que la glucemia sea una u otra. Y nosotros, que sólo nos guiamos por la cifra que marca un aparatito, confiamos incautos que nuestro 1+1 siempre sumará 2 porque así nos lo enseñaron en el cole, sin saber que en esa formulación hay muchas incógnitas que desconocemos entre medio.

En muchas comedias americanas hemos visto al protagonista cómo se esconde en un momento determinado cuando quiere liberar su rabia contenida ante una situación frustrante y que no podía solucionar. Esto en diabetes es habitual y cada uno reaccionamos de una manera distinta, pero la más habitual pasa por el cabreo y la frustración. Yo, que soy un Jedi, reconozco que tengo momentos del lado oscuro en estas situaciones. Y he intentado reflejar de manera audovisual la sensación que nos sobreviene cuando te enfrentas a una de las situaciones que más cabreo generan: estar alto a pesar de haber hecho las cosas bien. Esta sería la sensación habitual en estas situaciones…

¿Te pasa lo mismo en estas situaciones? ¿Ha mejorado tu paciencia con los años de diabetes? ¿Has aprendido a relativizar? ¿Has necesitado yoga o alguna otra técnica para aprender a dominar la frustración de estas situaciones? ¿Alguna vez has hecho algo de lo que no te sientas orgulloso en algún momento de cabreo de este tipo? Cuéntame en un comentario si vives estos momentos igual que yo. Y comparte la entrada si ha resultado entretenida.

Históricamente la virtud de la paciencia se ha representado popularmente en la figura de Job, un santo bíblico especialmente dotado de esta conveniente facultad. Por lo...
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