De wearables en diabetes y capacidad adquisitiva

In wearables we trust…

En los últimos tiempos, todos estamos escuchando que los wearables* van a ser omnipresentes. Y de hecho, asistimos ya a un comienzo del boom de estos dispositivos. Relojes inteligentes que se comunican con el smartphone… pulseras que registran nuestra actividad… sensores integrados en un anillo que nos avisan de las llamadas de teléfono móvil… en definitiva, los wearables son esos objetos de los que todos podemos prescindir, pero con un alto carácter distintivo a nivel social. Probablemente por eso, a casi todos les “molan” en mayor o menor medida. Y la salud es un terreno perfecto para este tipo de dispositivos. La monitorización biométrica es una de las funciones de estos dispositivos, y por ejemplo ya vemos monitores de ritmo cardiaco incorporados en algunos de estos wearables con finalidad “de salud” como se le llama ahora. Para alguien con diabetes, escuchar estas cosas hace que le surja una pregunta inevitable e inmediata: ¿Y por qué no medir la glucosa con estos dispositivos? Obviamente, es una de las variables más interesantes para muchas personas (como mínimo, para alrededor del 13% de la población que tiene diabetes) y varias empresas ya lo han estudiado o están en ello. Algunos lo anunciaron creando mucha expectativa por ser quién era -léase Apple cuando preparaba su Apple Health Kit, algo de lo que hablé en otra entrada– pero finalmente se quedó en nada, al menos de momento.

¿QUÉ ES UN WEARABLE? La traducción más literal sería la de artículos ponibles, usables, que podemos ponernos para vestir o que van incorporados en la ropa o en complementos. Los wearables son un término nuevo que hace referencia a todos los dispositivos tecnológicos que podemos llevar encima (a excepción del smartphone) como relojes inteligentes, pulseras de actividad, anillos enlazados con el smartphone, prendas con sensores… En definitiva, tecnología aplicada a nuestro cuerpo para distintos usos, entre los que suele destacar todo lo referente a la biométrica (variables físicas medibles; pulsaciones, saturación, ciclos de sueño y actividad, sudoración…). Con estos wearables se han desarrollado paralelamente herramientas de ocio, de salud, de trabajo o de comunicación.

¿La burbuja wearable se deshincha antes incluso de hincharse?

Un estudio reciente sobre los wearables realizado por Juniper Research (enlace externo) dice que a día de hoy, tan sólo uno de cada cinco estaría dispuesto a pagar más de 175 dólares por un aparato wearable. Ese parece el límite económico que marca la separación entre lo asumible y la compra caprichosa que no merece la pena. Porque en general, parece ser que los consumidores tenemos asociado el concepto de wearable como algo de capricho, “molón” y divertido, pero que no es realmente muy útil. Y por tanto, algo por lo que no hay que pagar demasiado dinero. Esto puede comprobarse con las elevadas ventas de dispositivos de este tipo de precio asequible. Y ello a pesar de que seguimos viendo a las marcas más caras como objetos de deseo… pero sin comprarlas. Que a casi todos nos guste un Aston Martin no quiere decir que la marca británica se vaya a forrar vendiendo lujosos coches. En definitiva, la gente de momento parece tener claro que un wearable no es algo por lo que merezca la pena pagar mucho dinero, porque no les proporciona una utilidad extraordinaria a día de hoy mucho más allá del deporte, donde parece que tiene un asentamiento más estable y valorado, en conjunción con apps de control y gestión de la actividad física. ¿Pero qué sucedería si preguntáramos a las personas con diabetes sobre un wearable pensado para la diabetes? ¿Y cómo sería ese wearable?

El wearable de la diabetes

Actualmente, un wearable suele reducirse a ser una extensión de otro dispositivo (como el smartwatch) o un dispositivo de medición o registro biométrico (como las pulseras). Pero en diabetes, podríamos técnicamente considerar un wearable un medidor de glucosa. Quizá no como los tradicionales de medición capilar, pero sí por ejemplo un medidor que de manera automática y transparente recoja las mediciones, ya sea una extensión del smartphone (como lo era el iBG-Star de Sanofi), un medidor intersticial… o incluso una bomba de insulina. O también nuevos dispositivos o vías de administración de insulina. Cualquiera de estos aparatos es técnicamente “wearable” en sentido estricto del término, aunque especialmente ajustado al término en el caso de los medidores continuos y las bombas de insulina. Ya hablé hace tiempo de qué variables serían interesantes para un wearable en la diabetes, pero si ahora la mayoría de las personas -según la encuesta de Juniper Research comentada más arriba- cree que los wearables son una moda graciosa y divertida pero poco útil y por la que no pagaría mucho dinero, cualquier persona con diabetes probablemente no pensaría lo mismo si le pidiéramos ideas o propuestas de wearables relacionados con la diabetes. ¿Qué dispositivo o mejora tecnológica relacionada con la diabetes valoras más de estos últimos años? Ante esa pregunta, es probable que contestaran mayoritariamente que las nuevas bombas de insulina o la medición continua son grandes áreas de interés para ellos. Especialmente la medición continua de glucosa, de aplicación más universal que la terapia ISCI. Si hay algo que a día de hoy casi todas las personas con diabetes elegirían es un medidor continuo de glucosa. Y en el fondo, un medidor continuo de glucosa es un wearable en toda regla…

relojes, el mejor ejemplo de wearable para la diabetes
Imagen: Bolt Group

¿Qué precio ponerle a un “wearable diabético”?

Es evidente que si consideramos la medición continua de glucosa como wearable, esta no se rige por los criterios comerciales del resto de wearables del mercado. ¿Es más complejo y costoso el desarrollo de un dispositivo de salud que el de una pulsera de fitness? Sin duda. Pero como suele pasar con otros productos de consumo muy especializados, la minoría se paga. ¿Pero a cuánto? ¿Qué precio ponerle a un wearable como un medidor continuo? Esta pregunta se la habrán hecho a buen seguro una y otra y otra vez en las oficinas centrales de Dexcom Inc. en San Diego y posteriormente en las de Abbott, en Chicago, ambas norteamericanas. ¿Cuánto está dispuesto a pagar un cliente-paciente por un sistema de medición continua? ¿Cuál es el límite? Las diferentes circunstancias de ambas empresas y sus separados momentos de lanzamiento de producto hacen que la discusión de este aspecto fuera muy distinta en cada caso. En Dexcom, el lanzamiento de su primer MCG se producía tan sólo 7 años después de la creación como empresa, y sus costes e infraestructura dificultaban o imposibilitaban las posibilidades comerciales. Con un coste de producción alto y una producción pequeña, el precio de venta al público con el que salió al mercado el Dexcom Seven era sencillamente inasumible para la mayoría de los humanos. Aunque al fin y al cabo, así suele pasar en otros ámbitos con las novedades. Pero han pasado los años, varias generaciones de producto y un incremento continuo en las ventas, y el Dexcom G5 continúa con un coste de adquisición demasiado alto para la gran mayoría de mortales. Y un aún más alto coste de mantenimiento, a pesar de que la estructura empresarial de la empresa norteamericana -que ya incluso cotiza en bolsa- está lejos de lo que fue en sus comienzos en 1999. Sin miedo a equivocarnos, se puede concluir que el Dexcom es un sistema inasumible para la gran mayoría de la gente, a pesar de que está bastante evolucionado y su último modelo (el G5) es indiscutiblemente un buen sistema y actualmente el más exacto.

En cuanto a Abbott, muchos años después del nacimiento del primer MCG de Dexcom, la compañía lanza el FreeStyle Libre, un aparato revolucionario por distintos motivos. Por su catalogación comercial, que le permite anunciarse hasta en la televisión (y lo hace con una estrategia publicitariamente agresiva a nivel de claim). Por su planteamiento (sin calibración, duración oficial mayor que Dexcom…), y sobre todo, todo, todo, por su estrategia comercial de precio. El Libre se lanza con un precio de adquisición inicial de casi diez veces menos que el Dexcom G4 (5 veces menos si ambos packs de inicio los ofrecemos con el mismo número de sensores). La diferencia inicial es abismal. Esa pequeña inversión inicial ha sido clave en el éxito del Libre. Dale a probar una onza de chocolate a un niño y luego intenta quitarle la tableta. A pesar de sus contras (ya explicados por mi en este blog varias veces), el sistema funciona y cumple. En conjunto, tanto como el Dexcom. Pero a día de hoy, si podemos considerar los dispositivos de medición continua como un wearable, el rey es el Libre.

¿Cuánto pagarías tú?

Pero en estos dispositivos pasa como con las impresoras: el negocio está en los consumibles. Mes a mes, el usuario debe comprar sensores para seguir disfrutando de la maravilla de la medición continua de glucosa. Y eso tiene un precio demasiado elevado, tanto en el caso del Libre como en el de Dexcom (superior en este último, entre el coste de sensores y transmisor). ¿Las ventas son lo que indican que el precio del Libre es el que el usuario está dispuesto a pagar? En este caso, me temo que no. De momento, el Libre está viviendo su boom y lo está aprovechando, pero 120€ mes tras mes no es algo que mucha gente pueda permitirse. En no pocos casos, ser un actual usuario de Libre puede no ser soportable en el tiempo y muchos acaben dejándolo, probablemente muy a su pesar. ¿Cuál sería entonces el precio que una persona con diabetes le pone a su dispositivo wearable preferido? ¿Cuánto estamos dispuestos a gastar? Parece -a juzgar por los comentarios que recibo y que leo- que a día de hoy la gente está poniendo velas a todos los santos y dioses para que la sanidad pública llegue a financiar cuanto antes la medición continua de glucosa. Incluso personas particulares inician campañas de firmas más voluntariosas que meditadas en la plataforma Change para implorar a nuestros gobernantes que estudien y den paso a esta nueva tecnología . Porque sencillamente, la gente quiere el caramelo, pero no se lo puede comprar. No soy economista, pero siempre he pensado que determinadas cosas quizá se venderían mucho más con un PVP más bajo; especialmente el de mantenimiento. Siempre es más fácil reunir un dinero para un desembolso inicial que se produce tan sólo una vez. Pero donde está el problema es en el mantenimiento de estos sistemas y sus costes mensuales.

¿Están estas empresas interesadas en bajar o ajustar precios o por el contrario prefieren seguir con ellos y esperar a una probable y deseada financiación de la medición continua de glucosa en nuestro SNS? Y tú, ¿estás esperando también ese desembarco en la sanidad pública? Y en caso de que no llegara a financiarse este tipo de aparatos ¿cuánto estarías dispuesto a pagar por ellos? ¿Cuál es el precio que considerarías adecuado para soportar el mantenimiento de estos sistemas? ¿Qué otro wearable de la diabetes querrías tener? Dame tu opinión con un comentario. Y si te ha gustado esta entrada, compártela con los botones que tienes aquí debajo.

Imagen destacada: Bolt Group.

  • Isaias

    El Libre es un aparato muy interesante pero efectivamente es caro. A mitad de precio los sensores sería más justo. Le falta las señales acústicas para las hiper y especialmente las hipo, si lo hacen en breve el descom5 tendrá un competidor difícil de vencer.

  • jkgoal

    Sería interesante con objeto de reducir su costo que analizaran también la posibiliad de ampliar los días de uso de los sensores del libre. ¿Que limita su funcionamiento a dos semanas? La batería del sensor??

  • Angel

    Una cuestion bastante peliaguda el tema economico, y la distribucion del sistema continuo por parte de la seguridad social. A mi, como reciente usuario del sistema libre, me encantaria, que al menos se financiara parcialmente, me explico: antes usaba al menos 150 tiras reactivas mensuales, estaria genial que ahora que no las necesito (con unas pocas es suficiente), la seguridad social me ayudase economicamente y por ejemplo me reintegrase un tanto por cierto de la factura que le pago a Abbott. Pienso que esta seria la mejor forma de ayuda por parte de la seguridad social, y que no verian atracadas sus arcas.

  • Germán

    Sería muy interesante que la seguridad social financiara el MCG y los parches ya se que es muy complicado pero porque no un 50% por ejemplo. Yo llevo una bomba de insulina y me estoy planteando lo del medidor asociado a ella el precio me hecha un poco para atrás pero bueno ya veremos si algún día baja un poco de precio.Otra pregunta que me hago muchas veces es si gasto aproximadamente 150 tiras reactivas que son tres botes al mes no da le más económico lo de los parches??.
    Gracias por tus comentarios jediazucarado.

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