Los efectos de la tecnología en diabetes

¿La tecnología mejora nuestra diabetes?

Hace unos días los amigos de Canal Diabetes publicaron una noticia sobre si los medidores de glucosa con funciones de detección de patrones mejoraban el control de la diabetes de sus usuarios. Esa noticia me recordó un tema en el que siempre he pensado y que me impulsó a escribir esta entrada de hoy: ¿la tecnología mejora la diabetes? Todos piensan automáticamente que sí, pero no es necesariamente cierto. Esta pregunta me la hago desde hace algunos años, cuando hemos empezado a asistir a la aparición de distintos dispositivos o tecnologías que han supuesto una aparente mejora en el control de la diabetes: medidores capilares de glucemia con prestaciones más avanzadas… o con mayor conectividad incluso formando parte física del propio smartphone… bombas de infusión continua de insulina más precisas y completas (incluso más “inteligentes”)… medidores continuos de glucosa más evolucionados y con mejor exactitud… funciones de calculador de bolo en medidores capilares… software de gestión de datos que permite ver de un vistazo la evolución de nuestra diabetes… Estas y otras tecnologías que acogemos siempre con gran interés, pero que una vez las adoptamos se asimilan de tal modo que se pierden un poco entre el arsenal de herramientas disponibles y no hay un excesivo control sobre si una tecnología concreta mejora el control de la diabetes, mejora algo en el paciente… y sobre todo, qué es lo que mejora (si es que lo hace).

tecnología y diabetes

Magnascan (PIxabay)

Recientemente se conocían los resultados del trabajo “Costes y efectividad de un detector de tendencias glucémicas en pacientes con diabetes mellitus” desarrollado por la Escuela Andaluza de Salud Pública y publicado en “Avances en Diabetología”. Este trabajo pretende conocer si los medidores dotados de la función de detección de patrones glucémicos (los patrones son esas gráficas en las que se muestra una curva glucémica diaria creadas a partir de las medias de todos nuestros perfiles diarios y que permite localizar los puntos de actuación sobre nuestras pautas) son útiles para el paciente y si esa función aparentemente novedosa tiene una utilidad real. Y el resultado del estudio es que sí; los medidores con esta funcionalidad son útiles y su beneficio medible: pueden evitar entre un 20% y un 35% de las hipoglucemias graves en comparación con los medidores sin esta capacidad. Un gran ejemplo de una tecnología que funciona y sobre todo, que es útil para mejorar nuestra diabetes. Pero no tiene porqué ser así siempre.

¿La tecnología implica per se una mejoría en el control de la diabetes?

Está claro que las mejoras o nuevas funcionalidades en la tecnologia para la diabetes son siempre per se algo bueno en tanto que supuestamente mejoran o amplían lo ya existente, pero no tiene porqué ser efectivo ni mejorar nuestra diabetes respecto a lo que ya teníamos. ¿Debemos chequear por tanto con más profundidad todas estas mejoras a posteriori en estudios en pacientes? probablemente sí. Porque a nosotros como pacientes y usuarios, nos es más difícil saber si una nueva tecnología mejora en ciertos aspectos -algunos puede que muy sutiles- más allá del gran indicador-totem de la diabetes: la hemoglobina glicosilada A1C. Y nuestro indicador subjetivo de calidad o mejoría percibida no es realmente fiable ni científicamente aceptable. Una persona por ejemplo, puede estar muy satisfecha con su nuevo medidor con calculador de bolo y sin embargo, tan sólo su percepción de mejoría en calidad de vida sea lo que ha mejorado, y su diabetes no.

El caso del FreeStyle Libre

El aparato de Abbott es un buen ejemplo de la tecnología de uso masivo. A efectos prácticos, es algo así como una televisión plana de Full HD que ya casi todos tenemos en nuestra casa: un aparato de última generación con unas prestaciones avanzadas. Quizá no todas las emisiones sean en HD. Quizá no todos sepan ni quieran utilizar su acceso a internet y a servicios avanzados de comunicación. Quizá muchos incluso no la usen demasiado, pero es lo que hay y sobre todo, es lo último. Tecnología de uso abierto y sin restricciones. Esa fue la filosofía al lanzar este aparato. Accesibilidad total. Que las novedades tecnológicas no sean sólo accesibles a las minorías pudientes y se acerquen al gran público (o intentarlo, ya que el mantenimiento de estos aparatos aún sigue siendo mucho dinero para mucha gente). El medidor flash FreeStyle Libre (que aunque legalmente ellos no le puedan llamar medidor continuo, para mi lo es) ha gozado de una comercialización abierta y sin restricciones: libre, haciendo honor a su nombre. Cualquiera puede hacerse con él y empezar a disfrutar desde el minuto uno con esas hipnotizantes gráficas en las que se ve cómo tu glucemia sube y baja, dibujando bonitas y suaves olas si estás bien controlado, o angulosos y enormes dientes de sierra si no lo estás. Unas gráficas que la mayoría de las personas con diabetes no había visto en su vida. Pero… ¿cuántos han sabido sacar partido a este enorme caudal de información? Porque más allá de saber si estoy cayendo en hipoglucemia (una de las funciones evidentes y que a muchas personas ya les justifica la inversión), un aparato de medición continua proporciona un volumen de información bestial, que nos permite conocer patrones, hacer pruebas y testar resultados, descubrir la farmacocinética de nuestras inyecciones de insulina… en fin, datos y datos. Información en grandes cantidades. Sé que se están haciendo ensayos clínicos sobre el revolucionario aparato con nombre de canción del gran Nino Bravo, pero sería genial conocer en estos estudios el grado de aprovechamiento del aparato por parte de los pacientes. Cómo y de qué modo lo usan. Qué datos les son los más útiles. Si les sirve para reprogramar sus pautas. Si detectan patrones…  Y esto nos lleva al principio del artículo: ¿toda esta tecnología mejora finalmente mi diabetes?

¿Mi diabetes se beneficia de esta tecnología?

¿La tecnología implica automáticamente una mejora de nuestra diabetes?

Tecnología en continua mejora que nos permitirá conocer muchas variables corporales. Pero… ¿sabemos interpretarlas? (Imagen: Bolt Group)

La tecnologia es seductora. A todos nos gusta el último modelo de un televisor, un coche, un móvil… pero tomando este último producto como ejemplo (los smartphones), ¿quiénes hacen uso realmente de todas y cada una de las funciones que les brindan los teléfonos de última generación? En un aparato que casi podemos considerar moda no tiene demasiada importancia (más allá de que nuestro bolsillo haya sufrido más o menos), pero si hablamos de diabetes y de una enfermedad que debemos controlar día tras día para evitar problemas de salud futuros (y un importante gasto al sistema sanitario, que también hay que reseñarlo)… ¿no sería útil aprender a extraer todas esas capacidades de los avances tecnológicos? Yo no soy un súper experto, pero creo que saco a un medidor continuo bastante información útil. Pero… ¿y los que no lo hacen? Durante estos últimos 8 meses he podido detectar a muchas personas que no tienen los conocimientos para sacar el jugo a aparatos como el Libre. ¿Sería descabellado pensar en una formación para estas personas? ¿No es más interesante formar a un paciente a extraer las ventajas de un dispositivo en lugar de simplemente inundar el mercado o -como en otros dispositivos- dárselo sólo a quien ya sabe? Lo que queremos es mejorar las cifras de la diabetes y el control de la enfermedad en quienes la padecen, no premiar a los más listos de la clase dándoles una bomba inteligente o un medidor continuo tan sólo porque ellos saben sacarles el jugo y otros no.

¿Formación o educación?

Es una cuestión interesante. ¿Hablamos de formar a un paciente en el uso y aprovechamiento de una tecnología concreta o sería quizá simplemente la educación diabetológica la que le dotaría de los conocimientos necesarios para aprovechar las tecnologías disponibles? Evidentemente, la educación es prioritaria y debería ser universal. Pero lamentablemente, no lo es. En parte, las asociaciones de pacientes han nacido para cubrir ese déficit educativo en los pacientes. Y la idílica teoría de un 100% de pacientes preparados a nivel educativo es eso; un idílico sueño. Por tanto, sería más factible pensar que un desarrollo tecnológico concreto pudiera ir acompañado de acciones formativas específicas para el mejor aprovechamiento de ese dispositivo o funcionalidad, lo cual redundaría (los estudios lo confirmarán, pero es lógico pensarlo) en un mejor control de la diabetes. Por mi experiencia y las opiniones que recojo hablando con la gente, creo que cuando adoptamos un nuevo dispositivo instantáneamente mejora nuestra adherencia al tratamiento. Tecnologías como un medidor con calculador de bolo, un medidor continuo o una bomba de infusión continua de insulina son dispositivos que en mi opinión desde el primer momento que se adoptan, provocan una mayor implicación del paciente con el tratamiento y con su diabetes. Pero si esa persona sabe sacarle jugo a esa tecnología, puede que esa implicación inicial -que muchas veces decae tras un tiempo- pueda mantenerse elevada o incluso mejorar. Eso significaría un paciente activado; más implicado, más experto y más preocupado por su tratamiento. Y eso a su vez significará una mayor probabilidad de menos complicaciones, menos gasto al sistema, más calidad de vida…

¿Es que acaso no tengo derecho a la tecnología?

Siempre puede haber quien diga “cada uno que haga el uso que quiera de las herramientas disponibles”. Sí, también es cierto. Alguien en una ocasión se enfadó un poco conmigo cuando yo saqué el tema de que los aparatos de medición continua no están pensados para cualquier tipo de paciente, de mismo modo que tampoco lo están las bombas de insulina. Y aunque sigo reafirmándome en aquella idea, en el fondo cualquier tipo de paciente tiene derecho a usarlos en la medida que crea, quiera… o sepa. Pero si hablamos de un aparato que te permitiera mejorar tu diabetes y tu salud, creo que hay que ir más allá. Me gustaría que todos puedan sacarle partido mucho más que simplemente para detectar hipoglucemias con antelación. Y para hacer esa posible pedagogía o formación creo que podrían trabajar conjuntamente tanto las empresas farmacéuticas creadoras de las tecnologías, como las asociaciones de pacientes y porqué no, el propio sistema sanitario, que aunque a día de hoy aún da la espalda a algunos avances como la medición continua, los mira de reojo y los analiza sabiendo que es inexorable su implantación masiva, del mismo modo que algunos conocimos en su día el paso del análisis de glucosa en orina al de tira reactiva en sangre. Ese es mi deseo y mi idea que lanzo al aire en la Red. Un producto tecnológico pensado para mejorar la salud quizá sea conveniente apoyarlo con “algo más”. El qué y el cómo es cosa de quienes lo crean…

¿Crees que en diabetes, la tecnología es para todos? debe llegar de manera masiva y cada paciente irla asimilando “por su cuenta”? ¿Hay avances tecnológicos a los que no sacamos partido? ¿Es necesario un nuevo enfoque de la educación diabetológica que incluya un adiestramiento en tecnologías presentes en el día a día de la diabetes? Deja tu comentario.