El polvorón envenenado

Dulces, navidad y diabetes

Aún recuerdo cuando allá por 1986 me enfrenté a mis primeras navidades con diabetes. No alcanzo a ver nítidamente detalles, pero sí tengo claro en mi memoria que ese final de año fue un auténtico suplicio. La falta de información me obligaba a ser exageradamente estricto en las comidas y seguir el protocolo de “ante la duda, no comérmelo”.  Por tanto, me enfrenté a unas navidades austeras en lo gastronómico sólo superadas por las que sufre un soldado en el frente de batalla. Navidad y diabetes, una combinación que aquel año a mi me parecía imposible. Por aquellos años, yo buscaba ansioso productos con la anhelada etiqueta “sin azúcar”, desconociendo por completo lo que eso encerraba y el truco que en muchos casos ocultaba aquella maravillosa frase que era música celestial cuando la leía. Con los años, la formación y la educación en asuntos de nutrición y diabetes te permiten separar el grano de la paja y saber con precisión qué alimentos debes y no debes comer. Y uso el verbo “deber” porque el de “poder” sabemos que está superado. Una persona con diabetes realmente puede comer de todo, pero sabiendo lo que come y equilibrando y adaptando su ingesta a cada alimento. Pero en aquellas lejanas navidades de 1986, mientras en la radio sonaba el hit “The sun always shines on tv” de a-ha, yo leía en mi cuarto los escasos folletos que me dieron en la consulta e intentaba aprender más sobre la dieta de la diabetes para poder enfrentarme con eficacia a todos los retos que tenía por delante. Y cuando llegaron las fiestas de fin de año, miraba con deseo aquella bandeja lleva de dulces que dominaba la mesa de navidad en mi casa. Y a mi, con esos conocimientos precarios, muchas veces mi ansia y mi ignorancia me hacían caer en aquel polvorón envenenado (no el de la foto, que en mi opinión es el mejor que he probado); aquel que ponía la odiosa frase de “apto para diabéticos”. Un reclamo que me hacía pensar inocentemente que era libre de disfrutar de aquellos productos, que aunque ciertamente eran pésimos a nivel organoléptico, a mi me sabían a gloria…

Defensores y detractores de los “SIN”

Hay muchas personas que abominan de los productos que llevan la característica de “sin azúcar”. Estas personas son partidarias de comer productos “normales”, pero controlando la cantidad y sus HC y teniéndolos en cuenta en el cálculo de insulina o en el cómputo total de carbohidratos de su comida. En este tipo de productos es cierto que se han utilizado ciertos conceptos y términos muy engañosos, como “apto para diabéticos”, “tolerado por diabéticos”, “sin azúcar” o “light”. Términos que hace años eran muchas veces mal utilizados, conceptos equívocos y ambiguos como por ejemplo “light”, que la gente aún confunde. El término light de manera engañosa se asocia incluso a cuerpos esbeltos y de manera indecente incluso en la propia denominación o etiquetado del producto, como si el hecho de ser light ya supusiera un producto acalórico e ideal poco menos que para perder peso. Nada más lejos de la realidad. En nuestra legislación nos podemos encontrar bajo esta denominación desde una bebida de cola que ciertamente no tiene calorías hasta productos como unas patatas fritas, altamente calóricas, sean o no sean light.

Alimentos light, un concepto confuso para muchas personas

Yo pienso que, como en botica, hay de todo, y tanto en productos CON como SIN, podemos encontrar tanto productos correctos como alimentos nada recomendables. Por tanto, no considero que se deba categorizar y decir que todo lo SIN es perjudicial y que todo lo CON es lo que debemos comer. Se trata simplemente de entender determinados conceptos de nutrición que nos permiten disponer de la información necesaria para separar -como decía al principio- el grano de la paja; esos productos que no nos hacen nada bien de aquellos otros que podemos gestionar mucho mejor a nivel glucémico. Una cuestión de conocimientos. Una vez más la importancia de la educación sale a la palestra. Enseñanzas que debemos tener asimiladas y aprendidas con la diabetes desde el principio.

Pero además de los conocimientos, la experiencia es otro de los factores que nos ayuda a aprender. Como sucede en muchas otras facetas de la vida, la experiencia nos permite reconocer lo que conviene de lo que no; lo que sube la glucemia de manera incontrolada de lo que podemos gestionar con mayor comodidad. Con el paso del tiempo, de errores y aciertos y de una adecuada frecuencia de autoanálisis, aprendemos a reconocer las curvas de glucemia que provocan determinados alimentos. Y lo importante es saber controlarlas de la manera más eficaz posible.

Los light de antaño y los de ahora

Hace muchos años la fructosa era el líder de los productos sin azúcar. Fue algo así como el descubrimiento. Si querías hacer un producto “apto para diabéticos” (por cierto, frase a desterrar de la faz de la tierra, aunque aún la seguimos leyendo en muchos alimentos), le añadías fructosa. Este componente es un monosacárido con una forma química similar a la glucosa (otro monosacárido), pero diferente estructura molecular, que hace que cuando la ingerimos lleve un camino diferente. La glucosa pasa directamente a la sangre, mientras que la fructosa se dirige y acumula en nuestro hígado, y es convertida mayoritariamente en grasa. Con el paso de los años y los estudios, ha quedado demostrado que la fructosa ingerida de manera artificial en cantidades superiores a lo natural es perjudicial para el organismo, pudiendo producir aumento de los triglicéridos, resistencia a la insulina, disminución del colesterol “bueno” e incluso hígado graso. ¿Y qué es la fructosa artificial? Pues toda la que se ingiere más allá de lo puramente natural, como la presente en las frutas, que es donde más se encuentra este tipo de monosacárido. Los alimentos endulzados artificialmente con fructosa metabolizan de una manera diferente, y en una persona con diabetes suelen provocar unas curvas de glucemia post-prandiales extrañas y difíciles de controlar. Con los años, esta sustancia está desapareciendo de los alimentos y se ha sustituido por otro tipo de endulzantes muy de moda por sus posibilidades: los polialcoholes. Estas sustancias (para que las reconozcas, son aquellas cuyo nombre en general acaba en “ol”) son calóricas (aunque menos que el azúcar) y su “ventaja” (muy entre comillas) es que no se absorben en su totalidad por el intestino. Por tanto, la cantidad de HC que ingerimos (la que detalla la etiqueta) y la que asimila nuestro cuerpo es diferente, produciendo menor pico glucémico. Desde hace ya años se usan mayoritariamente por la industria por sus enormes capacidades no sólo endulzantes, sino sobre todo por la posibilidad que tienen a la hora de dar textura o conservar la humedad del alimento. Su punto negativo es que si se consumen por encima de la cantidad recomendable, pueden tener efecto laxante o provocar molestias abdominales.

No bajar la guardia

Pero sea cual fuere el endulzante a utilizar, en navidades bajamos la guardia y se nos va la mano a cualquier producto dulce típico de estas fechas. Y por eso siempre es importante seguir teniendo en cuenta en primer lugar, que debemos conocer ese producto y saber qué ingredientes tiene. Y en segundo lugar, tenerlo en cuenta en nuestra dieta por su contenido en carbohidratos. No nos dejemos llevar por la típica frase de un familiar que, con más buena intención que conocimientos, nos dice aquello de “no te preocupes, que te he comprado estos dulces sin azúcar para que puedas comer”. Al igual que el resto del año, hay que tener claro cuánto estamos comiendo y qué es lo que estamos comiendo. Bajar la guardia supondrá a corto plazo unas glucemias difíciles de controlar, y a largo plazo una hemoglobina glicosilada peor. Y no olvidar nunca nuestras directrices grabadas en nuestra “memoria ROM diabética”: si aceptamos como un objetivo primario el de llevar siempre una dieta saludable, la segunda directriz debe ser la de mantener nuestra glucemia bajo control en todo momento. Por eso no debes dejarte seducir por el reverso tenebroso y antes de comerte un polvorón envenenado que te vaya a producir una hiperglucemia, párate a pensar qué contiene lo que comes, cuándo lo estás comiendo y qué debes hacer para poder comértelo con seguridad. Y a partir de ahí… a disfrutar.

Para acabar, te dejo varios links con unos excelentes artículos de Serafín Murillo y Roque Cardona para la Fundación para la Diabetes. Aunque ya los publiqué hace un par de días en mi página de Facebook, lo hago aquí de nuevo para los que no me sigan en Facebook. Estos artículos hablan de los alimentos en épocas especiales como la navidad.

ENLACES EXTERNOS: Qué comer en Navidad / En Navidad la diabetes bajo control / Digestiones más que pesadas / Navidad y niños con diabetes / Sugerencias de menú para Nochebuena / Sugerencias de menú para la comida de Navidad

¿Qué opinas sobre los dulces en Navidad? ¿Eres de los que consumen CON o SIN? Déjame tu comentario.

 

  • Santy Conde

    Yo prefiero no demonizar los SIN, porque ahora hay productos de calidad, pero sin verse obligado a ellos,y sobre todo, CONTAR y ajustar.

    • Opino lo mismo. Se trata de saber qué contiene ese alimento tanto a nivel de la calidad de sus ingredientes como en sus principios inmediatos. SIN azúcar no equivale a SIN HC. Gran confusión en este tema.

CONTENIDOS DEL POST:1 Dulces, navidad y diabetes2 Defensores y detractores de los “SIN”3 Los light de antaño y los de ahora4 No bajar la...
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