¿Dónde me pongo el sensor?

Muchas personas se preguntan (y me preguntan) si pueden ponerse su sensor de medición de glucosa intersticial en otro lugar. Y sobre todo se preguntan el porqué de que generalmente haya una única zona oficial o recomendada. La respuesta es porque simplemente es la zona en la que se han hecho los ensayos clínicos, y por tanto para la que se obtiene la validación en el uso de ese sistema. Aún con todo, muchas personas están acumulando ya cierta experiencia en los sensores de medición intersticial. Y han ido descubriendo qué les va bien y qué mal. Han depurado sus técnicas de colocación. Y lo más importante: han ido descubriendo los mejores lugares para ellos donde colocar estos sensores. Pero muchas otras personas con menos experiencia, cuando tienen sus primeros problemas, se hacen la pregunta: ¿dónde me pongo el sensor?

Actualmente disponemos de 4 sistemas de medición intersticial. El Eversense de Senseonics es implantable en el brazo, y por tanto no hay alternativas de colocación. En cuanto a Dexcom (tanto G4 como G5), la marca recomienda el abdomen para todas las edades. Y en el caso de niños y jóvenes (2 a 18 años) permite también la parte superior de la nalga. Finalmente, Medtronic recomienda abdomen, zona lumbar y parte superior de la nalga. Y llegados a este punto… que levante la mano el que no se haya puesto un sensor intersticial fuera de estas zonas oficiales recomendadas y validadas por el fabricante. Veamos… ahí veo uno que levanta la mano… y ese de ahí atrás con cara de miedo. Y para de contar. El resto se lo ha puesto en otra zona… o zonas, en plural. Sin duda alguna, la gran mayoría de las personas que usan estos sistemas se ponen o han puesto regularmente estos sistemas en otras zonas ¿Por qué? Las razones son variadas: mayor comodidad… circunstancias personales… necesidades de discreción… problemas de la piel… índice de grasa o músculo en una u otra zona… etc.

Dónde me pongo el sensor de medición continua

Cuando alguien decide arriesgar un sensor -con el precio que tiene- y ponérselo en otra zona no es desde luego por su afán aventurero. Nadie quiere arriesgarse a tirar a la basura algo que se ha pagado con mucho esfuerzo. Lo hace porque por una u otra razón, necesita cambiar la zona y probar si le va mejor. Y cuando lo hace, podríamos decir que su principal preocupación (más allá del motivo que le ha hecho cambiar de sitio) es saber si le medirá bien. A no ser que sea ese el motivo del cambio, claro. Si usamos un lugar alternativo no es porque se nos ha cruzado el cable o porque tenemos el día aventurero, sino por pura necesidad. Pero cuando lo hacemos, todos queremos saber que la zona alternativa nos va a medir igual que la oficial. ¿Y hay información científica más allá de la sabiduría y experiencia popular en la comunidad diabética y que nos vamos pasando de uno a otro y generación en generación como los textos Jedi? Sí. Y eso es lo que hoy os traigo. Los resultados de un ensayo realizado en el Departmento of Endocrinología del Hospital Universitario Leuven (Bélgica) (enlace externo en inglés) en el que se pretende evaluar el rendimiento de los sensores de un sensor intersticial (en este caso mide únicamente el FreeStyle Libre) en tres lugares diferentes, comparando el brazo (zona oficial) con abdomen y muslo. Aunque sólo realiza el estudio con el sensor de Abbott, los resultados son a mi juicio interesantes porque nos podría hacer pensar que los otros sistemas de reacción enzimática del mercado (Medtronic y Dexcom) podrían también presentar diferencias sorpresivas, dada la gran similitud técnica de sus fundamentos químicos de lectura. Aunque no podemos ni mucho menos concluir que estos resultados son aplicables a otros sensores que no sean el Libre.

El muslo parece un buen sitio para ponerse el sensor Libre

Desde ahora, ya puedes usar el muslo para más cosas aparte de ponerte tatoos (imagen: tattoosboygirl.com)

¿La ingle es el muslo?

Y este trabajo ha concluido que los sensores de Abbott colocados en el muslo tienen una precisión aceptable (comparándolos con los colocados en la zona oficial del brazo). Insisto, parte superior del muslo, en su zona frontal. No zona exterior, no más abajo, no en la ingle. Zona frontal y superior del muslo. He visto fotos de personas que se ponen estos sensores en las zonas más insospechadas. Son aventureros, amantes del riesgo, son Miguel de la Quadra Salcedo (para los más jóvenes que no sepan quién era ese hombre, buscarlo en Wikipedia). Son probablemente personas que trabajan en banca; corredores de bolsa acostumbrados a jugar con el dinero y a veces perderlo. Jugadores compulsivos, personas que arriesgan. Parafraseando (una vez más) al replicante Roy Batty en Blade Runner… Yo he visto colocarse sensores en zonas que jamás creeríais… Algunas aparentemente dolorosísimas. Otras en las que da dentera sólo con verlo. Y también lugares que lejos de ser discretos, me parece lo más indiscreto del mundo plantarse ahí un sensor. En fin. Cada uno se entretiene como puede o quiere. Y hay gente a la que le gusta experimentar. Yo reconozco no ser jugador de bolsa y he jugado poco. Y sin duda, me quedo con el brazo. Es la que más me gusta: más discreta, más cómoda, menor riesgo de despegue, menos molestias en el día a día… y con resultados correctos en mi caso.

Comparativa exactitud del Libre en distintas zonas del cuerpo

El estudio demuestra que la exactitud MARD del Libre en el brazo es similar al del muslo. No así a la del abdomen, claramente peor (Charler, Mathieu, Nobels, Guillard).

Pero volviendo al estudio, decía que el muslo ha sorprendido por descubrirse como una zona en la que se ha mantenido una precisión similar a la zona del brazo. Sin embargo, los colocados en el abdomen no llegaron a ofrecer una precisión aceptable, hasta el punto de que los autores del trabajo desaconsejan la colocación del Libre en esta zona. Asimismo, es interesante destacar algo que yo siempre he considerado importante: que el abdomen es un lugar sometido a excesivas tensiones, movimientos, estiramientos, presiones… Personalmente, es un lugar que nunca me ha gustado. Algo que corrobora este trabajo, en el que también se observa una pérdida de exactitud MARD en el abdomen con el paso del tiempo “donde los factores biomecánicos, como la presión y el movimiento, pueden alterar la fisiología del tejido alrededor del sensor y, por lo tanto, su rendimiento. Sin embargo, la precisión de los sensores del Libre en el brazo y el muslo se mantuvo estable a lo largo del tiempo exceptuando una menor precisión en el primer día, que es causada por el daño tisular local al insertar el sensor”.

El estudio llega a sugerir la parte superior del muslo como una posible alternativa a la parte superior del brazo en pacientes que consideran que este último sitio es demasiado visible o que por otras razones no quieren colocarlo en el lugar oficial. Sin embargo, dicen que en esa zona “se debe explicar a los pacientes que la parte superior del muslo se asocia con una pérdida de sensor más frecuente”. En cualquier caso, parece interesante como alternativa para quienes por distintas razones no les va bien el brazo (en el caso del Libre) o el abdomen (en el caso de Dexcom). Pero siempre sabiendo que no hay nada seguro y que en este mundillo, hay mil cosas que afectan al resultado…

Muchas variables afectan a la lectura

Siempre he sostenido que el mundo de la medición intersticial es apasionante, no sólo por la maravilla que supone en la mejora de la calidad de vida de la persona con diabetes, sino porque a nivel técnico plantea aún muchos retos de cara a una fiabilidad estable y sistemática. Tenemos todos ya claro a estas alturas que muchas variables influyen en el rendimiento de un sistema de este tipo: porcentaje de grasa corporal en la zona… técnica de colocación… protección del sistema inmune con el paso de los días ante el filamento introducido… valores glucémicos medios… variabilidad glucémica… etc, etc, etc. Por todo ello, cuando alguien dice “mi sensor no está midiendo bien”, intentar adivinar la causa es como intentar saber la cifra exacta de pelos que tenemos en la cabeza. Eso pone en jaque a los fabricantes, que se enfrentan a innumerables llamadas de clientes que afirman tener un sensor defectuoso cuando en mi opinión, la mayoría de las veces no es un problema del sensor. Sin duda, todas estas variables (o al menos algunas de ellas) se irán mejorando con el tiempo. Pero lo que sí sabemos es que determinadas cosas afectan a la lectura o al rendimiento de estos sistemas. Alguna ya medida en este estudio también, como por ejemplo la diferencia de rendimiento de un sensor intersticial entre el día y la noche. Una diferencia relacionada con el movimiento y  la presión ejercida sobre el sensor durante el sueño cuando por ejemplo, se duerme sobre el lado del sensor en una presión continuada. Se sabe que eso reduce el aporte sanguíneo a la zona del sensor y provoca una caída en la intensidad de la señal recibida por el sensor, y consecuentemente, una posible menor exactitud en los valores de glucemia interpretados por el sistema. Y hablando de exactitud, el estudio recuerda que la menor exactitud de los sistemas intersticiales (sea cual sea) se produce en hipoglucemia, por lo que “hasta que se mejore el rendimiento de los sensores en el rango de hipoglucemia sigue siendo importante aconsejar a los pacientes que midan la glucemia capilar en caso de duda, independientemente de dónde esté colocado el sensor”. Siempre suelo decir que aún no podemos olvidarnos completamente de nuestro medidor capilar hasta que no se perfeccione un poco más la medición intersticial (y aquí meto a todos, sea cual sea la marca o modelo). Aún tenemos que asegurarnos que la lectura en hiper y sobre todo en hipoglucemia es tan sistemáticamente fiable y exacta como en normoglucemia, que es donde más confortable y a gustito se encuentra siempre un medidor intersticial. Y ya si le pones en la franja horaria entre comidas, sin actividad física y estabilidad glucémica… eso ya es el paraíso para estos sensores. Esa es la zona en la que viven más felices y dan lo mejor de sí mismos. Es ahí donde te “clavan” las lecturas y en muchos casos no tienen más allá de dos o tres mg/dl. de diferencia con la lectura capilar. Y esa exactitud es lo que aún queda por conseguir en estos sistemas; extrapolarla a todo el rango de glucemias. Porque como bien sabemos, una persona con diabetes (especialmente tipo 1) no es precisamente alguien estable. Y para eso justamente es para lo que queremos un sistema de medición continua. Para tener controladas las variaciones por arriba y por abajo.

Así que cualquier sitio no es válido

Quizá podríamos concluir esto que dice el titular de este epígrafe: que no; que cualquier sitio no parece igual de válido para ponernos el sensor de medición intersticial. Este trabajo belga (enlace externo en inglés) versa sobre el sensor de Abbott, pero no es descabellado pensar que los demás sensores también presentarían diferencias de una zona a otra. Pero al final, somos nosotros los que por diversas circunstancias (que no son pocas) acabamos poniéndonos el cacharro en diversas zonas de nuestro cuerpo serrano. Sin duda, la colocación del sensor es un tema que dará para más estudios. Pero hay algo claro que siempre debes tener presente con estos sistemas de medición de glucosa: cotejar. Una palabreja que viene a significar que debes comparar lo que miden con lecturas de glucemia capilar. Yo suelo recomendar como mínimo hacerlo antes de tomar decisiones terapéuticas (o sea, ponerse insulina), pero también lo es al principio de un sensor nuevo hasta comprobar que mide bien, o hacerlo cada día al menos una vez para asegurarse que todo sigue en orden. O en el caso de los sensores-chicle de Dexcom que duran y duran como las pilas Duracell, aún más conveniente medirse la glucemia capilar en cuanto se sobrepasa la duración oficial de una semana que recomienda el fabricante. En definitiva, tenemos sistemas que cada día funcionan mejor, pero no debemos confiar ciegamente en que todo irá bien desde el principio al fin, sobre todo si el fin lo estiramos. Debemos recordar que hay muchas variables que afectan a estos sensores y las lecturas pueden no ser las exactas. 

Finalmente, agradecer a Almu LM por la impagable imagen de su gatito con el sensor, que seguro os ha encantado a todos. A mi también y por eso se la pedí para usarla en alguna charla o post. Y este es el correcto. Y no. El gatico tiene diabetes. Y por si acaso salta un defensor de los animales, tampoco se le ha maltratado para la foto poniéndoselo con el aplicador del Libre (aunque sea el mejor aplicador del mercado y totalmente indoloro). Tan sólo se le adhirió un sensor ya finalizado.

Y tú, ¿dónde te colocas el sensor y por qué? Déjanos tu opinión con un comentario para que otras personas que estén pensando cambiar puedan sacar una información útil y de ayuda. Aunque ya sabemos que no hay dos personas con diabetes iguales.